martes, 25 de febrero de 2014

CASO FEDERICA

Esta semana hemos visto el caso de Federica, una señora de 68 años que acude a Urgencias por un dolor en la rodilla. Federica es el ejemplo de muchos de nosotros que hacemos un mal uso de nuestro sistema sanitario. Os pongo el caso para que podáis también vosotros sacar vuestras propias conclusiones.
CASO FEDERICA

Se adjunta el ejemplo de aplicación con el siguiente relato:
Federica tiene 68 años y acude a Urgencias porque se encuentra muy dolorida de su rodilla derecha. Ya lleva bastante tiempo con este dolor, y ella piensa: “quizá debería haber acudido mucho antes al médico, pero total, también era un dolor, al principio, muy leve, y una no va a estar viniendo al médico por cada dolor que tenga”. Federica, además, es una persona con muchos recursos, su abuela era practicante, y siempre recurre a la mantita de calor y al aceite de romero, que, según su abuela, “es mano de santo”, y para Federica, esa opinión es sagrada.
El médico que la ve, tras hacerle una radiografía, le comenta que se trata de una artrosis de evolución que se encuentra en una etapa artrítica, pero que no se trata de una urgencia hospitalaria y que por qué se ha acercado a Atención Especializada y no a su Médico de atención Primaria. Que lo suyo hubiera sido que ella hubiera sido remitida desde su Centro de Salud a su Centro Hospitalario de referencia o a su Centro de Especialidades, para que un especialista, dígase, un reumatólogo, le hubiera hecho una valoración. “No entiendo cómo, Federica, llevando tanto tiempo con ese dolor, aunque sé que ahora es más fuerte, no se lo ha comentado a su médico de Atención Primaria”.
Entonces, Federica le comenta al médico de urgencias: “He estado los últimos meses encargada de mi marido con Alzheimer que ha fallecido hace 20 días. Imagínese lo que he estado viviendo, sin apenas tiempo, sin dormir, preocupándome día y noche de una persona a la que había que hacérselo todo. Además, el Centro de Salud, aunque me queda cerca, está a una distancia que no podía recorrer y, cuando lo hacía, tenía que ir muy temprano para pedir el número. Usted no sabe la que se lía allí todas las mañanas, hasta se dan voces la gente, se pelean por el sitio en la cola, una locura. Otra cosa, y en confianza, también le voy a decir, no es que no le haya consultado este problema a mi doctora, es que, mire usted, en gran medida, sí que se lo he comentado, pero ella siempre alude a temas de la edad, que si las consecuencias de la menopausia y no sé qué más cosas, pero vamos, que yo lo entiendo, que no soy una chiquilla, pero el problema es el tratamiento, que lo único que me manda es antiinflamatorios, analgésicos y reposo…como usted comprenderá, de reposo nada con el jaelo que tengo yo en mi casa, bueno, ahora desgraciadamente, desde que mi Paco se murió, ya todo ha cambiado… y, por otro lado, ¡si es que a todos nos mandan lo mismo!. Si no recuerdo mal, una vez me mandó al traumatólogo – prosiguió- éste al rehabilitador y terminé en el fisioterapeuta, un chico fantástico que me alivió mucho durante las sesiones y, bueno, luego he estado algunos meses mejor. Pero, si le digo la verdad, aquello también era una locura, yo iba en horario de mañana, allí había más gente que en la guerra, las criaturas, en fin, hacían lo que podían con nosotros, que si uno se colocaba en un rincón haciendo algo para la espalda, otro en una escalerita para subir con los dedos, otro movía una rueda, a otra le daba un masaje, en fin, qué se yo, una barbaridad. La verdad es que me gustaban las charlas que me daban todas las semanas, aunque, sinceramente, me hubiera gustado también que me hicieran más masajes. Me enseñaron muchos ejercicios y, en fin, también tengo que reconocer que tenía que haber seguido haciéndolos, pero ya se sabe,… además, cuesta trabajo adaptar las cosas que te dicen a la vida normal, a la de todos los días... y es que no he tenido tiempo… y de la mitad de los ejercicios ya ni me acuerdo…. Yo creo que si usted me hiciera una resonancia o un TAC….no sé”. Igual usted conoce a algún médico de pago que me pueda ver pronto.

Entonces, el médico, le comenta: “bueno Federica, yo le voy a poner un tratamiento específico para aliviar el dolor, pero debe ir de nuevo a su médico de Atención Primaria, no obstante, le voy a hacer un análisis de sangre, que ya sabe usted que es “protocolo” aquí en urgencias y, bueno, por la edad que tiene, quiero verificar algunos datos y, también valorar su tratamiento en función del tensión arterial, que veo que la tiene alta. En cualquier caso, es su médico de atención primaria el que debe controlar todos los aspectos de su historia clínica, indíquele que le fue bien la Fisioterapia, igual la vuelve a remitir con ellos. Y Federica, comenta: “hay un chiquillo fisioterapeuta en la plaza de mi pueblo que dicen que es muy bueno, ¿voy a su consulta?, es que, de aquí a que me vean pueden pasar meses”. Y el médico, le responde: “bueno, usted verá, yo no le digo eso, pero vamos, que lo que usted vea bien, yo le digo que vaya a su médico de Atención Primaria antes. Ea, coja su número y ahora la llamamos para el análisis de sangre”.

Tras hacer entre todos un análisis del texto, hemos llegado a estas conclusiones:

POSITIVO
NEGATIVO
INTERESANTES
Derivación a Fisioterapia como ejemplo de complementación de la cadena sanitaria
Mal uso de las urgencias sanitarias
Asistencia especializada positiva
Charlas de Educación para la salud, como promoción sanitaria en Atención Primaria
Los usuarios perciben largas listas de espera: percepción por parte del usuario del sistema de Salud, de estancamiento.
Características de la cultura Sanitaria
Percepción positiva del servicio de Fisioterapia
Paciente pasivo, sin adherencia a tratamientos
Influencia del entorno familiar en la SALUD
Accesibilidad de recursos
El protocolo médico de Atención Primaria y fisioterapéutico deficitario
Tratamientos psuedocientíficos